En la Senda de Atenas
Intervención del Canciller de la República de Costa Rica, Dr. René Castro en la mesa redonda "Europa y América Latina ¿aliados estratégicos en el debate global?" , realizada el 14 de mayo en la sede de la Secretaría General Iberoamericana en Madrid, en el marco de la VI Cumbre Unión Europea-América Latina.
Señoras y señores:
2010 nos llama a reflexionar sobre la asociación estratégica de la Unión Europea y América Latina. Es un año que para la América hispana está lleno de evocaciones históricas, ya que muchos de los países del hemisferio conmemoran el bicentenario del inicio de las gestas por la independencia. Pero también en 2010 estamos conmemorando otro bicentenario, el de la reunión de las célebres Cortes de Cádiz, inauguradas en la isla de León el 24 de setiembre de 1810. Hago esta referencia porque creo que ese aniversario es especialmente inspirador: las Cortes de Cádiz fueron la primera asociación estratégica que se forjó entre España y América y, por consiguiente, entre el Viejo y el Nuevo Mundo. Una asociación, una alianza que se sustentó en principios de libertad, de democracia y de respeto a los derechos humanos, y que abrió importantes horizontes para el porvenir de las futuras naciones hispanoamericanas.
Hoy, doscientos años después, venimos a España a reflexionar junto con los europeos sobre las posibilidades y perspectivas de una nueva alianza estratégica entre ambos continentes. Es indiscutible que la Europa de la Unión y América Latina y el Caribe comparten una serie de valores e intereses que son auspiciosos para intensificar nuestros contactos y estrechar nuestras relaciones. Creo que no hay en el mundo ningún otro par de regiones que pueda encontrar tantas identificaciones recíprocas en sus modelos institucionales, en sus sistemas jurídicos y en sus culturas en general.
Los problemas de la asociación estratégica:
Ahora bien, traducir las semejanzas y las coincidencias en una alianza dinámica que tenga un peso considerable en la comunidad internacional es algo muy distinto. Hay muchas cosas en las que los intereses europeos y los intereses latinoamericanos no sólo no coinciden, sino que pueden incluso resultar antagónicos. Pero además, es especialmente complicado tratar de articular posiciones comunes cuando en el seno mismo de nuestras regiones no existe más que un consenso mínimo sobre un tema o no existe consenso en absoluto. Si pensamos en abstracto en temas como la democracia, la protección del medio ambiente o los derechos humanos, es muy fácil decir que la Unión Europea y América Latina y el Caribe comparten posiciones y pueden aliarse para defenderlas. Pero en cuanto tratamos de precisar contenidos, de esbozar acciones concretas, nos encontramos con que las unanimidades empiezan a desdibujarse. Surgen los intereses nacionales particulares, los problemas que son propios de cada Estado y que quizá no comparte el vecino. Asoman las diferencias de tamaño y de población; las diversas vivencias históricas, las visiones individuales, los proteccionismos y otros elementos similares. A fin de cuentas, nos podemos preguntar válidamente sobre la efectividad y las proyecciones reales de la asociación estratégica entre la Europa de la Unión y la América Latina y el Caribe, más allá de la retórica y de los rituales diplomáticos.
Las circunstancias políticas y de seguridad de este primer decenio del siglo XXI no han ayudado, ni en Europa ni en América Latina y el Caribe, y tampoco la situación internacional en su conjunto ha sido propicia para este tipo de orientaciones. Y contrariamente a la idea de una asociación estratégica de regiones, ha sido la vía bilateral la más exitosa en el accionar de la Unión Europea, como lo indican los Acuerdos de Asociación con México y Chile, y las Asociaciones Estratégicas con Brasil y México. Esto podría indicar un progresivo debilitamiento de la estrategia regionalista de la Unión Europea y hacer que en el futuro se dé preferencia a la vía bilateral.
Todavía hay horizontes
Sin embargo, creo que aún es prematuro considerar agotadas las posibilidades de la asociación estratégica entre ambas regiones. Hay algunos temas, en el ámbito multilateral, en los cuales se ha puesto de manifiesto la viabilidad de entendimientos concretos entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe. Tenemos, por ejemplo, la experiencia que se vive en las Naciones Unidas con motivo de la resolución de los Derechos del Niño. El Grupo Europeo y el GRULAC se rotan anualmente la redacción del proyecto de la resolución sobre esta materia, para después examinarla juntos y llegar a un texto de consenso. Este esfuerzo ha sido exitoso. Habrá quien piense que se trata de una gota de agua. Pero de gotas se hacen los océanos, y por lo demás, el tema de los derechos del niño es transdisciplinario y complejo, y tiene particularidades sobre las que no siempre coinciden todas las visiones de los países de ambas regiones. Creo que esta experiencia nos demuestra que es posible buscar con éxito la concertación entre ambas regiones en temas específicos; que la asociación estratégica puede dar frutos concretos y no quedarse solamenteen declaraciones y comunicados.
A este respecto quisiera hacer una referencia especial al programa EUroCLIMA, anunciado en la Declaración de Lima de 2008 como un programa ambiental conjunto de la Unión Europea y América Latina y el Caribe dedicado a las alteraciones climáticas. En Lima, la comisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner,destacó que con este programa se procuraba fortalecer el diálogo sobre el medio ambiente a todos los niveles; intercambiar conocimientos, e identificar y coordinar acciones ya en marcha en la región, para aumentar su eficacia e impacto. Este programa fue lanzado oficialmente en una reunión euro-latinoamericana que se celebró en Costa Rica en el pasado mes de abril. Para mi país, profundamente comprometido con la protección del ambiente y el desarrollo sustentable, es un honor que el inicio de EUroCLIMA se haya efectuado en suelo costarricense. Aunque puede haber diferencias e incluso discrepancias profundas entre las visiones que algunos países europeos y algunos países latinoamericanos tengamos sobre los problemas ambientales y la manera de enfrentarlos, creo que todos coincidimos en la importancia de este programa.
La lucha por detener la degradación ambiental es quizá uno de los campos que más espacio ofrece para que la asociación estratégica entre la Europa de la Unión y América Latina y el Caribe demuestre su efectividad y su actualidad, y se traduzca en medidas concretas, más allá de las declaraciones y los discursos. Aunque la experiencia europea parezca más exitosa en lo que se refiere a la formulación de estrategias y vínculos bilaterales, también aún queda espacio para el entendimiento entre regiones.
El Acuerdo de Asociación con Centroamérica
Y en la misma línea de que no todo ha de ser bilateral, quisiera referirme con detalle a un caso particular, que es el de la negociación de un Acuerdo de Asociación entre la Europa de la Unión y Centroamérica. Es una concertación en buena medida sui generis, ya que sibien no tiene las dimensiones de un acuerdo entrela Unión y el conjunto de América Latina y el Caribe, supera con creces el modelo bilateral y tiene una considerable complejidad. Es, además, el primero que en América Latina y el Caribe suscribe la Unión con una región y no con un país en el plano bilateral. La negociación de este acuerdo ha sido ardua, por la gran variedad de temas de la agenda, y se ha visto obstaculizada, además, por una serie de factores, que han incluido desde crisis políticas y diplomáticas de gran envergadura hasta discrepancias sobre medidas proteccionistas a favor de determinados grupos de productores. Pero hubo más coincidencias que divergencias, prevaleció la voluntad, se superaron las dificultades y hoy tenemos un instrumento firmado y nuevos horizontes a la vista.
Hay quien puede considerar que Centroamérica, dentro del contexto de América Latina y el Caribe, es un componente menor. Que se trata de un grupo de países muy pequeños en extensión y población, cuyas posibilidades y potencialidades en el ámbito comercial son también sumamente reducidas. Que el Acuerdo de Asociación entre Europa y Centroamérica no puede ocupar un lugar de relevancia en la gama de acuerdos que vinculan a la Unión Europea con otras regiones y otros países.
Si nos remontamos a 1984, cuando se iniciaron las rondas euro-centroamericanas del diálogo de San José, los argumentos en contrario eran parecidos; para peores, en aquellos años varios países centroamericanos vivían horas convulsas y trágicas. Pero las rondas arrancaron, se firmó en 1985 el acuerdo de Luxemburgo y poco a poco se consolidó un exitoso mecanismo de concertación política y de cooperación. Y es que no debe perderse de vista que Centroamérica, a pesar de muchos problemas, ha logrado forjar un sistema de integración económica e institucional que ya tiene casi seis decenios de existencia. Creo que eso ha sido especialmente auspicioso para que, como región, Centroamérica pueda también negociar y entenderse con la Europa de la Unión.
Costa Rica ha estado especialmente interesada en la negociación y la suscripción del acuerdo, ya que el 60% de las exportaciones centroamericanas al mercado europeo es de origen costarricense. Para Costa Rica es vital la consolidación del Sistema Generalizado de Preferencias, que aleje el fantasma de la “graduación” con el que, contradictoriamente, se castiga a los países que comienzan a tener éxito.
Sin embargo, el convenio va mucho más allá de lo simplemente comercial, ya que incluye componentes políticos y de cooperación y ello lo inviste con una naturaleza singular. En lo que se refiere al diálogo político, Costa Rica ha compartido los temas especiales impulsados por la Unión Europea en la negociación - no proliferación, lucha contra el terrorismo y crímenes contra la humanidad-, pero además ha tenido mucho interés en que se consagraran en el Acuerdo tema de igualdad y equidad de género, la protección del medio ambiente y el desarme. En materia de cooperación, algunos de los temas impulsados por la delegación costarricense en las negociaciones fueron el de los grupos vulnerables, la innovación y transferencia de tecnología, el fortalecimiento de las instituciones, medio ambiente, juventud y educación y formación en todos los niveles tanto a nivel técnico como especializado. Además logró que se incorporara una sección dedicada a las modalidades y principios de lacooperación.
Diálogo en variados ámbitos y niveles
El Acuerdo de Asociación recién suscrito amplía los horizontes del diálogo político entre Centroamérica y la Unión Europea para hacerlo más diáfano, más claro y directo, y permita que ambas regiones trabajen con mayor éxito en la concertación política, tanto en el ámbito de las Naciones Unidas y otros organismos multilaterales como ante determinados desafíos comunes. Algo de esto ya existía en el acuerdo de Luxemburgo, pero de modo menos evidente, el presente acuerdo es pues prueba de evolución en nuestras relaciones.
Por otra parte, además de los órganos que podríamos llamar clásicos en cuanto a la estructura institucional del Acuerdo de Asociación, el texto contiene unos esquemas de coparticipación que resultan novedosos y de los que cabe esperar mucho para el estrechamiento de los vínculos entre ambas regiones. Uno de ellos es el diálogo interparlamentario, que tendrá como interlocutores de una parte al Parlamento europeo y de la otra al Parlamento Centroamericano y a los órganos legislativos de los países que no forman parte de él, es decir, Costa Rica y eventualmente Panamá. Puede discutirse mucho sobre los alcances de estos diálogos interparlamentarios, pero es indudable que fomentan no sólo el entendimiento político inmediato sino que además preparan auspiciosamente el terreno para cuando nuevas acciones o instrumentos de concertación euro-centroamericana lleguen a ser discutidos o votados en los hemiciclos o en el interior de los partidos políticos de los respectivos países.
También es interesante mencionar que en el nuevo acuerdo, el diálogo con la sociedad civil y al interior de ella es más inclusivo que en los modelos hasta ahora existentes. En la negociación del Acuerdo, el organismo de participación de la sociedad civil de nuestra región ha sido el Comité Consultivo del Sistema de la Integración Centroamericana, CC-SICA, que ha hecho una serie de consultas para lograr consensos en torno a las propuestas de la sociedad civil centroamericana. Pero además del CC-SICA, en el acuerdo se prevé un foro anual abierto de sociedades civiles que permitirá enriquecer y ampliar los alcances del acuerdo y su proyección más allá de los ámbitos gubernamentales.
Cooperación a partir de nuevas bases
Este Acuerdo de Asociación, conviene reiterarlo, es el primero que suscribe la Unión Europea con otra región, y eso por sí solo ya bastaría para darle identidad y especificidad propias. Pero a ello cabe sumar elementos importantes, además, en materia de cooperación y de política.
El nuevo acuerdo crea un Comité de Cooperación coordinado por los Estados, que de este modo tendrán mecanismos más directos y flexibles para la fijación de sus propias prioridades en la materia. Pero lo más importante es que la cooperación ya no está planteada en el texto como una cuestión de una sola vía, sino como una auténtica acción conjunta, y además incluye lo que podríamos llamar una cláusula evolutiva, en el sentido de que no solo regula una serie fija de materias sino que deja abierta la posibilidad de que en el futuro se identifiquen periódicamente nuevas áreas para desarrollar empeños comunes. El marco comercial, sin duda fundamental, no se limita tampoco al propio de un mero tratado de libre comercio, ya que contiene medidas tendientes a fortalecer la pequeña y mediana empresa y promover la cooperación. No se establece un mecanismo o sistema de sanciones por el eventual incumplimiento de estos compromisos, pero se está en el espíritu de ayudar a que el país que no haya cumplido con algún aspecto pueda hacerlo en un término razonable, con el solidario respaldo de los demás.
Cláusula democrática y gobernabilidad
En los últimos tres decenios, los países centroamericanos han experimentado un cambio cualitativo y trascendental en su vida política. Cesaron los conflictos armados, en todos los países hay un sistema político más democrático y pluripartidista que el de hace unas décadas y se ha avanzado notoriamente en el camino institucional y de la libertad. Pero, como también lo pueden confirmar varias de las jóvenes democracias europeas, no es un camino fácil ni existen antídotos infalibles contra las acciones de ciertos individuos o grupos para tratar de volver al pasado. Por ello, lo que sí está claramente plasmado en el texto es la llamada cláusula democrática, es decir la idea de que la vigencia del Estado de Derecho es un condicionante para que un país pueda beneficiarse de los efectos del Acuerdo de Asociación. Si se produce una alteración en el ordenamiento jurídico-político por vías distintas de las constitucionales, el país de que se trate quedará suspendido de los beneficios conferidos en el Tratado.
Al respecto, quisiera destacar la complacencia del Gobierno de Costa Rica por el pleno restablecimiento del Estado de Derecho en Honduras. Los complejos acontecimientos de 2009, que estuvieron a punto de dejar suspendidas indefinidamente las negociaciones del Acuerdo de Asociación, están hoy casi superados, y vemos con profunda satisfacción que el gobierno del señor Presidente don Porfirio Lobo ha asumido con entusiasmo y responsabilidad la misión de recuperar a plenitud la institucionalidad hondureña y la reincorporación plena de su país a todos los ámbitos de la comunidad internacional en los que participa.
Uno de los problemas que afrontan las democracias, en Centroamérica y en todo el mundo, es el de la gobernabilidad. En muchas oportunidades hemos visto cómo planes, acciones y gestiones de trascendental importancia se han visto obstaculizados en el interior de los países por males como la excesiva tramitología burocrática, la corrupción, la ausencia de controles o la demasía en ellos, todo lo cual además perjudica sus relaciones políticas, comerciales o de cooperación con otros países o regiones. Por ello es importante mencionar que en el Acuerdo de Asociación los Estados adquieren una serie de compromisos en relación con la buena gestión gubernamental, el control fiscal, el intercambio de información y otros temas significativos.
Europa debe regresar
En los años de detonación de la crisis centroamericana, a principios del decenio de 1980, la presencia europea en nuestra región era débil y en muchos aspectos casi inexistente. Pero la Europa comunitaria de entonces comprendió la importancia de coadyuvar al logro de una paz firme y democrática en la región, y en 1984 se inauguraron en Costa Rica las rondas San José, acontecimiento memorable que contó con la participación de todos los Cancilleres de la Europa comunitaria y de Centroamérica. Después de firmado el Plan de Paz de Esquipulas en 1987, tanto la entonces Comunidad Europea como varios de sus Estados miembros individualmente tuvieron una participación destacada en el seguimiento de los acuerdos y en la creación de canales de entendimiento y de cooperación. Ayer sembramos lo que hoy podemos cosechar.
Hoy es necesario que Europa se haga de nuevo presente en Centroamérica, no ya para promover la paz, que dichosamente no se ha alterado, sino para coadyuvar al fortalecimiento de la democracia y para participar con los países centroamericanos en la misión de abrir nuevas oportunidades de desarrollo.
Tenemos muchas áreas en las que podemos desarrollar esfuerzos en conjunto, no solo para beneficio de los pueblos centroamericanos sino también en interés de la parte europea. Uno de ellos es el ya mencionado de la defensa del medio ambiente y el desarrollo sustentable. Pero dentro del diálogo político y la cooperación creemos necesario también ahondar sobre temas como las armas, la seguridad ciudadana, las drogas y las migraciones, entre otros muchos.
Desde hace muchos años, América Latina y el Caribe constituyen una zona libre de armas nucleares, y por ello no pueden suscitar inquietudes al respecto. Pero sí podemos trabajar juntos con los europeos en esfuerzos en pro de un mayor desarme. A este respecto, para Centroamérica el tema de mayor atención es el del tráfico ilícito de armas pequeñas y livianas, y creemos importante que este tema pueda ser examinado y discutido con la parte europea. Íntimamente vinculado con ello está el tema de la seguridad ciudadana y de los avances del crimen organizado: la proliferación de las maras y pandillas, los movimientos de capitales negros, deben verse como un problema social y no solamente como un asunto de seguridad en sentido estricto.
En el mismo sentido, creemos que la cooperación en cuanto al tema del narcotráfico y los problemas generados por el uso indebido de drogas requiere de una visión integral. Debido al éxito que está teniendo la lucha contra el narcotráfico en regiones vecinas de Centroamérica, estamos atestiguando que la región centroamericana se convertirá en un fuerte polo de atracción para esa actividad, con todas las catastróficas consecuencias que eso conlleva. En esas circunstancias, es fundamental que el tema sea tratado en el diálogo centroamericano y se incluya en los marcos de cooperación con un enfoque que no se limite a la seguridad sino que tenga en cuenta sus raíces y repercusiones sociales.
Aunque el tema de las migraciones a Europa resulte en Centroamérica de menor relevancia que en otros países y regiones de América Latina y el Caribe, es necesario también examinarlo en nuestro diálogo político, para crear sensibilidad y prevenir dificultades. No hay que perder de vista que, más allá de las cuestiones jurídicas o económicas, la migración habitualmente encierra un intenso y multiplicado drama humano, que es responsabilidad de todos los gobiernos contribuir a mitigar, con espíritu solidario, en la medida de sus posibilidades.
Siempre Atenas superará a Esparta
Finalmente, confiamos que el acuerdo que venimos a firmar será un catalizador de una relación nueva, entre iguales, entre regiones comprometidas con sus conciudadanos y con el planeta.Como ciudadanospertenecientes a esta civilización occidental seguimos inspirando nuestras luchas más en la estrategia ateniense que en la espartana, y por tanto apostamos a que será la democracia y el comercio más que la fuerza y las armas las que nos llevaran a ese horizonte lejano que promete un futuro más prospero, más verde y más solidario.